Reseña
A partir de las conversaciones íntimas mantenidas a lo largo de muchos años, Hamill revela cómo Francis Albert Sinatra fue moldeado por la xenofobia con la que se trató a la comunidad ítalo-americana durante su infancia, por la Ley Seca, la Depresión, la guerra, y cómo acabó convirtiéndose en el trovador de la soledad urbana. Engendros ambos del mismo paisaje urbano, tanto a Hamill como a Sinatra se les puede atribuir el mérito de haber dado voz a la ciudad y a sus gentes. Con sus canciones, Sinatra permitió a millones de personas cantar sus propias historias, dotando a toda una generación de un sentido de la tradición musical al tiempo que legando la banda sonora de una época en la que le cupo el privilegio de nutrirse, en compañía de grandes intérpretes y arreglistas, de las grandes obras del American Songbook. Sinatra sería la viva encarnación de la lealtad, la humildad, el remordimiento, la fuerza, el hundimiento y el éxito del ángel caído y renacido.